Estamos todos muy contentos, porque España ha ganado la Eurocopa. Yo comparto esa alegría e incluso entiendo que la gente salga a la calle a celebrarlo con amigos y vecinos, aún cuando otras personas tienen que trabajar. Lo que no entiendo, ni le encuentro lógica, son los actos de bandalismo, y ya no solo contra el material urbano, sino contra las personas.
El domingo fuimos a cenar a casa de unos familiares y a ver el partido, como hicieron muchísimos habitantes de nuestro país. Cuando éste terminó, cogimos el autobús en Puerta de Toledo para ir a casa, concretamente el de la línea 3, ya que nos encontrábamos un poco lejos. Hasta ahí, todo normal.
La gente en la calle estaba eufórica, te saludaban, te pitaban, gritaban cánticos referentes a la victoria… riadas de gente cubrían las carreteras dificultando el paso a los vehículos, algo que también puedo entender en un momento de gran importancia para los forofos del fútbol, grupo que en España supone más del 60% de la población y que el día de la Eurocopa ascendío a casi un 90% según las cuotas de share de la televisión.
Algunos individuos, llevados por la alegría del momento, daban “palmaditas” al autobús, un tanto molestas, pero inofensivas al fin y al cabo. Debíamos de ser aproximadamente unos 9 pasajeros y el conductor. Como he dicho, de momento son cosas que podemos entender, la alegría, la euforía, un momento histórico para el que parece ser el único deporte del país… (o por lo menos eso parece en los medios)
El problema llegó cuando, ya pasada la Puerta del Sol, llegamos a la Plaza de Santa Bárbara, muy cerca de Alonso Martínez (donde los antidisturbios tuvieron que cargar a las cinco de la mañana). Primero, vimos un contenedor de reciclaje de papel ardiendo, y a muchos chicos, de unos 17-20 años, corriendo en dirección contraria al autobús. El autobús estaba detenido, habían puesto una especie de valla. Mientras mirábamos esto, oímos una pequeña explosión, yo pensé que habían tirado un petardo, pero estaba equivocada. Lo que habíamos escuchado era el impacto de un adoquín contra una de las lunas del autobus, y debajo de ella, había una pareja sentada. El conductor nos dijo que nos apartásemos de las ventanas, por si volvían a cargar contra nosotros. Eso fue lo que hicimos, todavía un poco despistados. Unos segundos después, ví a un chaval con la cara tapada y con un pedazo de adoquín en la mano, mirándonos, yo le miraba y él me miraba, no sé por qué tardo tanto en estampar el adoquín contra el cristal, quizá estaba decidiendo si tirarla o no. El caso es que como ese, vinieron otros tantos. Dos lunas de las grandes, de las que están al principio del autobús, reventadas, y dos ventanas de las más pequeñas, las que están sobre los asientos de atrás, fueron atravesadas. Nos recogimos todos al lado del conductor, algunas personas se agacharon en el suelo intentando protegerse, a mi me temblaba todo. Al miedo, se sumó la rabia de todos los pasajeros del autobús, no éramos capaces de entender por qué hay quien se empeña en que una fiesta se pueda convertir en una tragedia. Si la primera piedra hubiera traspasado la ventana, la chica que estaba justo debajo habría recibido el impacto, no sólo de los cristales, sino del adoquín con consecuencias graves.
El conductor llamó a la policia, que en lugar de acudir, le dijo que siguiera conduciendo. No sé qué paso con la valla que nos impidía el paso, sólo sé que desde aquí ya no pudimos parar hasta llegar a la glorieta del Pintor Sorolla, más conocida como Iglesia. Otro pasajero nos dijo que ésto no era la primera vez que pasaba, que cuando pasaron de cuartos y con la semifinal paso exactamente lo mismo.
Además del miedo que se pasa en el autobús, viendo lo que te han hecho, en ese momento, te da miedo hasta salir a la calle, no vaya a ser que por no ir de rojo te vayan a pegar una paliza. Un señor que se bajó con nosotros en Iglesia, salió corriendo hacia su casa en lugar de ir andando.
Aparte del bandalismo sin sentido, lo que sigo sin lograr entender es por qué atacan a personas de las que no saben nada, no saben si somos españoles, si no lo somos, si íbamos con Alemania, si no nos gusta el fútbol… en fin no tenían ninguna razón para hacernos esto. Ni teniendo una razón me parece racional, pero bueno, como hay quien soluciona sus diferencias a golpes… ¡pero esto! En ese momento me avergoncé de compartir patria con semejantes individuos, de ser española.
Es hora de que demostremos que no sólo han llegado los avances tecnológicos a España, la modernidad, sino que la modernidad ha entrado en los españoles, demostrar que podemos ser cívicos, personas que sepan divertirse, sin tener que destrozar por sistema todo lo que caiga en sus manos.

